El investigador, escritor y contactado Antonio Portugal Alvizuri nace un 14 de junio de 1948 en la localidad de Chulumani departamento de La Paz, Bolivia. Después de años de vivir en los Estados Unidos, en los cuales participó del conflicto armado de Vietnam, a su regreso a Bolivia ingresó como miembro adscrito al Instituto Nacional de Arqueología (INAR) hoy la Unidad Nacional de Arqueología (UNAR) trabajando durante treinta años. Entre sus varios trabajos arqueólogicos podemos destacar: el descubrimiento del  monolito magnético en Tiahuanaco, trabajos de exploración en la pirámide de Akapana y de Puma Punku, el reconocimiento y hallazgo de las antiguas torres funerarias del periodo post Tiahuanaco del señorío Pakajes, la exploración del yacimiento arqueológico de la cultura Inca en la región Chaco, en los Yungas paceños, el reconocimiento de las figuras rupestres en la región de Qillqata, en el norte yungueño. Fue coordinador en la fase inicial del traslado del monolito Bennett a su lugar de origen, realizó trabajos en la reconstrucción del sistema precolombino de cultivos de los camellones o sukacollos, en la población de Lukurmata muy cerca de las orillas del lago Titicaca.

Con motivo de realizarse el XIX Congreso Internacional de Ovnilogía tuvimos la oportunidad de estar con él en la ciudad de Capilla del Monte, Córdoba, Argentina. Aquí el saludo prometido:

Como escritor ha publicado varios libros: “La Chinkana del Titicaca: Los Túneles Secretos del Lago Sagrado”, “En Contacto con los Maestros Mayores”, “Pakari el Gigante Andino”, “Del Tibet a Los Andes, el Encuentro de Dos Culturas”, “Los Misterios del Volcán Tunupa” y “Ciudades Secretas en Los Andes, Los Mensajes de los Seres de Luz”. De este último transcribimos el siguiente fragmento:

“De pronto algo extraordinaro me estaba sucediendo. Estaba frente a esos Seres Grandiosos, a los que había anhelado conocer” (…) “Estos personajes eran seres superiores. Emitían un aura luminosa gigantesca alrededor de sus cuerpos, de colores que variaban entre el violeta, naranja, verde claro y amarillo. Sus cuerpos no son transparentes, como los de mis guías astrales. ¡Eran cuerpos físicos!”

(…) “Se acercan a mí hasta detenerse a escasa distancia de mi cuerpo astral. En ese momento percibo una unión espontánea y grandiosa con ellos, aunque estos magníficos Seres no me tocan. Percibo una enorme corriente energética de bondad y sabiduría. En mi ingenuidad, intento retribuir esa energía que estaba recibiendo, con un abrazo a distancia. Tan franco gesto fue perfectamente captado por ellos, quienes de inmediato me lo agradecen. De estos hermosos seres emana una enorme generosidad natural. Están complacidos porque he venido por voluntad propia a esta gran Ciudad de Luz Iluminada. Muy pocos seres humanos tienen ese privilegio, me dicen, mientras mi cuerpo astral se ve invadido de una sensación de gozo y seguridad.”

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