Estamos a horas de recibir nuevamente la Navidad y los niños ya están ansiosos por recibir los regalos que Papá Noel les dejará debajo del árbol. Pero nosotros, los adultos. ¿Conocemos quién en Papá Noel? ¿Cuál es su historia?

Para nuestra tradición todo comienza con San Nicolás de Bari (270 – 345 dc), quién fue un Obispo que tenía por costumbre hacer regalos a los niños pobres. Cuenta la leyenda que en cierta ocasión tres jovencitas pretendían casarse pero su padre no podía pagar la dote correspondiente. Enterado de esto Nicolás dejó caer por la chimenea unas monedas de oro que coincidentemente cayeron en unas medias de lana que las jóvenes habían dejado secando (por eso se cuelgan las medias tejidas que sirven para recibir regalos en navidad). Por esta también se lo considera protector y ayudador de las chicas en edad de casarse o que están busca de marido.

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Cuando el imperio romano quiso acabar con el cristianismo Nicolás fue capturado y encarcelado. Años después fue liberado por el emperador Constantino, cuando salió de la cárcel estaba avejentado, con su cabellera y su larga barba blancas y sus ropajes rojos que lo distinguían como Obispo. A pesar de ser anciano siguió viajando, evangelizando y entregando juguetes a los niños.

La leyenda tuvo gran arraigo en Europa, especialmente en Italia, Alemania y Holanda. En esta última adquirió notable relieve su figura, al extremo de que se convirtió en patrón de los marineros holandeses y de la ciudad de Amsterdam. Cuando los holandeses colonizaron Nueva Amsterdam (la actual isla de Manhattan), erigieron una imagen de San Nicolás, e hicieron todo lo posible para mantener su culto y sus tradiciones en el Nuevo Mundo.

En el año 1809 el escritor norteamericano Washington Irving (1783-1859) satirizó estas tradiciones en su libro “La historia de Nueva York según Knickerbocker”, despojando a Nicolás de sus atributos obispales y convirtiéndolo en un hombre mayor, grueso, generoso y sonriente, vestido con sombrero de alas, calzón y pipa holandesa. Tras llegar a Nueva York a bordo de un barco holandés, se dedicaba a arrojar regalos por las chimeneas, que sobrevolaba gracias a un caballo volador que arrastraba un trineo prodigioso.

El hecho de que Washington Irving denominase a este personaje “guardián de Nueva York” hizo que su popularidad se desbordase y contagiase a los norteamericanos de origen inglés, que comenzaron también a celebrar su fiesta cada 6 de diciembre (fecha de fallecimiento de Nicolás), y que convirtieron el “Sinterklaas” o “Sinter Klaas” holandés en el “Santa Claus” norteamericano.

Años después Clement Moore, que era profesor de teología, escribió un poema en el que San Nicolás aparecía sobre un trineo tirado por renos y adornado de sonoras campanillas. Su estatura se hizo más baja y gruesa, y adquirió algunos rasgos próximos a la representación tradicional de los gnomos. Moore desplazó la llegada del simpático personaje del 6 de diciembre típico de la tradición holandesa, al 25 de ese mes, lo que influyó grandemente en el progresivo traslado de la fiesta de los regalos al día de la Navidad.

La imagen que se conoce actualmente de Santa Claus fue dibujada por primera vez en 1863 por Thomas Nast, quien publicó sus ilustraciones en la revista Harper’s. Nast añadió detalles: su taller en el polo norte con muchos duendes que lo ayudan a fabricar todos los regalos que le piden los niños de todo el mundo por medio de cartas. Él le dio el color rojo y su vestuario de pieles.

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Pero no fue hasta el año 1931 que una campaña publicitaria de la empresa Coca-Cola le dio su actual aspecto. La empresa le pidió al pintor de Chicago (pero de origen sueco) Habdon Sundblom que remodelara el Santa Claus de Nast. Así se hizo más alto, grueso, de rostro alegre y bondadoso, ojos pícaros y amables, y vestido de color rojo con ribetes blancos, que eran los colores oficiales de Coca-Cola. Los dibujos y cuadros que Sundblom pintó entre 1931 y 1966 fueron reproducidos en todas las campañas navideñas que Coca-Cola realizó en el mundo, y tras la muerte del pintor en 1976, su obra ha seguido difundiéndose constantemente.

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Y así llegamos a nuestro Papá Noel (término derivado del francés Père Noel) que hará felices a nuestros niños por otro año más, con la promesa de regresar sólo si el comportamiento es bueno y previo envío de la cartita al polo norte. Tratemos de conservar el encanto lo más que podamos, no es una misión tan difícil ¿No?

Desde Horionis queremos desearles a todos nuestros seguidores una muy FELIZ NAVIDAD!!!!!!

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